"La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar".
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16-02-2010

ritos

Soy una mujer de ritos, lo tengo muy claro...

tengo ritos de vida, de purificación y de muerte

creo en ciclos lunares, en sueños, en plantas que crecen de cierto modo y no de otro, en cantos de aves, en el color que toma la tierra, en los olores que adquieren las personas y decido hacer un rito.

Estoy fea, me corté el pelo de tal manera que me dejé fea. Quiero estar así, le dije a la Cony que parezco la típica imagen caricaturezca de la mujer lesbiana intelectual feminista, con la leve diferencia de que me dejé dos trenzas largas, una detrás de cada oreja, para recordar que tuve más o menos largo el pelo.

La última vez que hice eso fue cuando Rodrigo se viró definitivamente y descubrí que me mintió siempre. Bueno, ahora está feliz en Roma, supongo, jugando a investigar los "misterios de la iglesia" y conseguir más poder para quizás algún día jugar a ser obispo o alguna de esas cosas que hacen que los católicos a ultranzas se llenen de lujos. Esa vez, me corté el pelo mucho, me dejé súper rara, no me sentía yo, pero sabía que era efectivo, que sentía que mi pelo estaba débil y que si lo cortaba crecería más, con más fuerza (no sucedió tan así, demoró demasiado en crecer y no estuvo lindo casi nunca)

Ahora, recién estoy asumiendo mi corte de pelo. Decidí cortármelo cuando sentí ganas de morirme en la Quinta Normal (es extraño cómo los lugares se repiten) , cuando lo único que deseaba era desaparecer, cuando no dí más de dolor y llanto y quería llamar a alguien para que me fuese a buscar y ayudara a pararme, pero no recordaba el teléfono de nadie... fue ahí que decidí mi ritual de muerte. Al tiempo, comencé por una insípida chasquilla, porque siempre he pensado que las chasquillas ocultan la mirada y la expresión de las cejas y no quería descifrarme a nadie por sentir esos deseos de morir. Sólo recordar una y otra vez esa situación, sentirme humillada, empequeñecida, despreciada, una nada, hace que quiera estar sola, ocultarme, desaparecer. La gente es incapaz de saber cuánto daño puede causar con los gestos, las palabras y las promesas falsas y uno, o más bien yo, soy incapaz de saber hasta cuánto aguantar y decir basta de tanto daño y no quedar en trocitos como dice la Magda que estoy ahora. Pero soy ese rompecabezas odioso, que odia y rabea, que llora, patalea, porque es necesario todo eso para poder nacer de nuevo, una versión idéntica y parecida a la anterior de mí, pero sin daño, sin rastro de decepciones ubérrimas.

Duele este corte de pelo, duele verse al espejo, ver que la piel ha cambiado, que no sé por qué causa extraña me volvió el acné adolescente (sé que es por el remedio para el hipotiroidismo)... y creo que voy hacia atrás, hacia los días en que sufría porque escribía cartas de amor que jamás enviaba a algún chico del liceo que me gustaba mucho y sinceramente esos días eran mejores que estos porque no había daño y los libros tenían mucho más sentido que ahora.

Pero ya pasará el aluvión y vendrán lluvias limpias que me laven de esto. Porque mis rituales de muerte son de vida.

17-01-2010

...

Nacer tantas veces de la entrepierna.
Entrepierna que pare, pesca y gimotea.
Guagüito enmudecido en humedad, mamando de fluidos y escuchando alaridos primigenios (como aquel niño oyendo por primera vez palabras)
Huir al ombligo. Encontrarte en silencio y observando absorto un nuevo descubrimiento, esculpiendo con tus dedos alguna rara forma.
Huir hacia el oído izquierdo y refugiarse en sollozos suaves, escondiéndose en la oscuridad.
Gravedad: Mi pecho estallaba sobre ti, cada teta redonda y más grande sobre tus ojos y labios.
Presión. Cerrar los ojos e introducir en la boca un pezón. Mordisquearlo entre labios, lamiendo a ratos, derramando saliva y luego masajeando en círculos la idea de la teta perfecta entre las manos.
Cuántas veces el clítoris penetró tu resistencia entrando en ti tantas veces que no las recuerdas, de todas formas, de todos los abrazos posibles.
Gemidos urgidos, asmáticos a veces, y golpes en la pared que cuando otra pregunte qué pasó, deberás cubrir con pastamuro.

03-03-2009

.

Te miro. Tienes sangre en tus labios. Tienes mi sangre en tus labios, te digo. Yaces. Finges dormir. Finjo que sé que duermes y juego a hacer rulos imposibles en tu pelo negro y liso. Cambias la respiración porque quieres que piense que duermes. Estás ahí. Nuestras figuras se reflejan en el gran espejo de la pieza 15 de ese pobre motel. Sólo puedo abrazarte en ese silencio y fingir que puedo fingirlo todo, como tú. Me digo entonces, hay cosas que jamás se van a volver a repetir, que cuando ese vacío se instale de nuevo sólo diré adiós, sin decirlo, aprendí a fingir.

22-01-2009

transparencia

Te sacaría el corazón con un cuchillo de esos filudos con una fina punta que se usan para matar vacunos en el sur. Lo metería en tu pecho viendo borbotear tu sangre, viendo cómo los ojos se te van a blanco, cómo verdaderamente quedas en blanco y ante tu último respiro reventaría tu corazón en mi cuerpo desnudo, viendo cómo la sangre se coagula para volverla a disolver entre mis dedos descoagulándola... ver si puede quedar tan transparente como la mía. Sí, así de translúcida para vernos mejor. Para exculparnos, para seguir viviendo sin ya ningún dolor.

28-11-2008

cuerpo

Un baño de naranjas para eliminar todo. El olor vinagre del cuerpo. El olor a vainilla, ya no hay vainilla. Lo dulce mata los riñones. El semen es dulce y ácido... a veces muy dulce y los hombres no se conocen del todo. Buscaré lo ácido, me quedo con las naranjas. Exsudo agrio. Cuerpo vinagre. Dolores en lo vacío. Todo se va en la urea de la transpiración y la mierda que sigue fluyendo. La sangre está coagulada, se hace grumos, ya no hay burbujitas explosivas, sólo grumos del engrudo. Grumos de calambres. No hay calambres placenteros. Ya no. Sí los hubo. Pero no hay más reptiles. Peces sí. Burbujas de pez: pescado. Arpón o anzuelo.

El exsudar agrio mata estos sentidos.

Me huelo, hay olores que no se van

el vacío necesita ser llenado
no es ninfomanía o sí
es exceso de energía a lo Bataille
exceso de orgasmos que sucumben en el silencio
orgasmos de un cerebro excitado
orgasmos tapados con palmas de mano
orgasmos que nacen del roce de la silla
orgasmos que se alzan en bicicleta
orgasmos pedaleantes y frenados

clítoris vulva humedad

orgasmos de secretos contados al oído

orgasmos regalados, donados, vendidos, rematados, tirados a la chuña


es el vicio del orgasmo

es piel de gallina


susurros al oído que suenan del anhelo o necesidad

y el semen se avinagra acá, allá, dentro fuera, en el pezón derecho e izquierdo

cosquillas....

18-03-2006

abriles

Ella cantaba en su mente una canción que no sabía dónde la había oído, sólo sabía que era algo muy significativo lo que la unía a aquella melodía tortuosa en su cabeza. Lo único que podía hacer era sentir unos pocos acordes y unas vagas palabras de ella: "estamos todos aquí porque sólo estamos tú y yo".
A ella le gustaba rememorizar lo inrecodable, aquello que siempre quizo ser y por miedo no lo fue. Cada vez que la noche llegaba su alma estaba agobiada de tanto buscar lo que no sabía qué era, ella creía en tantas cosas, pero en ninguna tanto como sí creía en él, pero ¿quién era él?. En sus sueños se configuraba una larga figura en sombras, antes de dormir trataba de buscarle nombre: Patricio, Alejandro, Carlos... podía llamase de cualquier manera. Pero entre más trataba de recordar quien era antes de que pudiese dormir, menos conseguía esbozar la figura una vez dormida, sólo se repetía la canción que él le cantaba, sólo oía la canción que él inventó para ella alguna vez con una guitarra en mano: "sólo estamos tú y yo".
De día estaba vestida de dolor y nadie se le acercaba o pretendían no darse cuenta, la gente teme a quienes no comprende. Ella buscaba soluciones, quería comprender el mundo, a la gente... pero tanto hablar de materialismo y otros ismos, la no existencia de un dios la puso aún más triste. Sabía que Nietzsche no tenía razón en el fondo de sí y que él se encontró tan sólo como ella. Sabía que el nihilismo no fue tan pesimista cuando los filósofos estuvieron felices, pero que sin embargo habían hallado alguna respuesta en su "nada" o negando la "realidad sustancial". Sabía que esa que salía todos los días a enfrentar el mundo no era ella, sino que la "ella" que buscaba volver a ser lo fue cuando ella ya no lo recordaba.
Estando sentada en una plaza, en una banca que estaba bajo un ciruelo, poco a poco volvieron algunos aromas a su mente e imaginó el ciruelo en flor y recordó que él le dijo: "es el árbol de Sakura" y ella dijo que no, el de Sakura era un cerezoy se río de las ocurrencias de él para llamar su atención. Derrepente vio su mano en la de él y cómo ella apoyaba su cabeza en su hombro y cómo él le acariciaba el pelo y luego la miraba y besaba, mientras sentía que su lengua no quería separarse de la de él y que sus manos no querían dejar de acariciarle su cuello y oler su aroma a hombre, siempre era así: hablar de la nada, mirar las estrellas a través del "árbol de Sakura", no desear que el último beso llegue y quedarse con el trago amargo de la despedida. Pero hoy es abril, no hay cerezos en flor, no hay ciruelos en flor, nada está en flor, ni ella misma es ya una flor.
Hoy es abril y el frío nuevamente le pertenece, pero no es el mismo frío que sintió en tiempos anteriores a ella misma, es un frío solo, es un iceberg que siempre aparece en sus sueños en medio de un lago bajo una tormenta, es el frío que no le permite recordar y que a la vez le recuerda una melodía y unas palabras sueltas al viento... es una bufanda color rojo y una canción llamando a la rebelión de los pueblos en que ella comenzó a creer, es una bufanda que voló con una tormenta en junio, es una bufanda que ella comenzó a tejer como Penélope en enero para terminarla recién en abril porque sabía que iba a ser el único regalo. Ahora sólo son sueños de lengua contra lengua y saliba entremezclada, sombras luchando bajo la lluvia, la bufanda empapada, una canción ya nunca más cantada y una guitarra que nunca más pensó en ella en un extraño día en que abril fue lluvioso y no hubo flores de Sakura.