"La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar".

18-03-2006

abriles

Ella cantaba en su mente una canción que no sabía dónde la había oído, sólo sabía que era algo muy significativo lo que la unía a aquella melodía tortuosa en su cabeza. Lo único que podía hacer era sentir unos pocos acordes y unas vagas palabras de ella: "estamos todos aquí porque sólo estamos tú y yo".
A ella le gustaba rememorizar lo inrecodable, aquello que siempre quizo ser y por miedo no lo fue. Cada vez que la noche llegaba su alma estaba agobiada de tanto buscar lo que no sabía qué era, ella creía en tantas cosas, pero en ninguna tanto como sí creía en él, pero ¿quién era él?. En sus sueños se configuraba una larga figura en sombras, antes de dormir trataba de buscarle nombre: Patricio, Alejandro, Carlos... podía llamase de cualquier manera. Pero entre más trataba de recordar quien era antes de que pudiese dormir, menos conseguía esbozar la figura una vez dormida, sólo se repetía la canción que él le cantaba, sólo oía la canción que él inventó para ella alguna vez con una guitarra en mano: "sólo estamos tú y yo".
De día estaba vestida de dolor y nadie se le acercaba o pretendían no darse cuenta, la gente teme a quienes no comprende. Ella buscaba soluciones, quería comprender el mundo, a la gente... pero tanto hablar de materialismo y otros ismos, la no existencia de un dios la puso aún más triste. Sabía que Nietzsche no tenía razón en el fondo de sí y que él se encontró tan sólo como ella. Sabía que el nihilismo no fue tan pesimista cuando los filósofos estuvieron felices, pero que sin embargo habían hallado alguna respuesta en su "nada" o negando la "realidad sustancial". Sabía que esa que salía todos los días a enfrentar el mundo no era ella, sino que la "ella" que buscaba volver a ser lo fue cuando ella ya no lo recordaba.
Estando sentada en una plaza, en una banca que estaba bajo un ciruelo, poco a poco volvieron algunos aromas a su mente e imaginó el ciruelo en flor y recordó que él le dijo: "es el árbol de Sakura" y ella dijo que no, el de Sakura era un cerezoy se río de las ocurrencias de él para llamar su atención. Derrepente vio su mano en la de él y cómo ella apoyaba su cabeza en su hombro y cómo él le acariciaba el pelo y luego la miraba y besaba, mientras sentía que su lengua no quería separarse de la de él y que sus manos no querían dejar de acariciarle su cuello y oler su aroma a hombre, siempre era así: hablar de la nada, mirar las estrellas a través del "árbol de Sakura", no desear que el último beso llegue y quedarse con el trago amargo de la despedida. Pero hoy es abril, no hay cerezos en flor, no hay ciruelos en flor, nada está en flor, ni ella misma es ya una flor.
Hoy es abril y el frío nuevamente le pertenece, pero no es el mismo frío que sintió en tiempos anteriores a ella misma, es un frío solo, es un iceberg que siempre aparece en sus sueños en medio de un lago bajo una tormenta, es el frío que no le permite recordar y que a la vez le recuerda una melodía y unas palabras sueltas al viento... es una bufanda color rojo y una canción llamando a la rebelión de los pueblos en que ella comenzó a creer, es una bufanda que voló con una tormenta en junio, es una bufanda que ella comenzó a tejer como Penélope en enero para terminarla recién en abril porque sabía que iba a ser el único regalo. Ahora sólo son sueños de lengua contra lengua y saliba entremezclada, sombras luchando bajo la lluvia, la bufanda empapada, una canción ya nunca más cantada y una guitarra que nunca más pensó en ella en un extraño día en que abril fue lluvioso y no hubo flores de Sakura.

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