¿Qué nos puede llevar a creer que merecemos castigo? La moral cristiana. La moral propia. La angustia y deseos de permanecer en la angustia...
Mi terapeuta (y ahora me doy el lujo de tener uno) me preguntó si estuve enamorada. Demoré en responderle. Pensé en Rodrigo y no en Eduardo. Pensé en lo loca que me volvían los manoseos de Rodrigo, los primeros orgasmos conseguidos en la vida, su preocupación por mí, que me decía cosas lindas y me motivaba a seguir en mis cosas. Pero Rodrigo no estaba dispuesto a seguir conmigo, tenía sus planes muy lejos de los míos y me abandonó un día. Se fue a Italia versa el cuento...
Me aferré a Eduardo en su soledad. Soledad contraria a mi "mucho mundo" que me decía Rodrigo que yo tenía. Me aferré a alguien de pocos amigos. Me aferré a la enorme compasión que me causó el que me contara el día que nos conocimos que prácticamente nació ciego. Me cogí del sentimiento de tratar de quererlo. De darle cariño porque todos merecemos cariño.
Eduardo muchas veces intentó gorrearme o lo hizo. En los meses que durábamos "terminados" él se buscaba cuanta chica encontraba. Luego volvía tanteando el terreno conmigo y yo estaba siempre. Si pienso en todo lo vivido con Eduardo, sólo recuerdo que me hice adicta al sufrimiento. A sentirme insegura: Fea. Tonta. Inepta. Gorda. Recuerdo el dolor que me causó cuando me dijo que estaba enamorado de la chica francesa que se empeñaba en conquistar mientras estaba conmigo (y que ella misma me dijo que él la buscaba incansablemente pese a que ella le dijo que no quería nada) y tantas mujeres más. O la historia con "la artesana" y que me dijo que quería que fuéramos amigas porque éramos tan parecidas... humillaciones más y humillaciones menos...
Durante mucho tiempo sentí que me merecía sufrir. Claro, era a nivel inconsciente. Sólo ahora logro ver que era eso. Mi miedo al abandono. Sentir que si me quedaba sola moriría de agonía igual a cuando Rodrigo se marchó. Mi moralismo desproporcionado y mis ganas de sufrir por sentirme culpable con Rodrigo me volvieron la más estoica de las Locas Mujeres. Sentí que merecía la agonía de una relación que tambaleaba a cada instante. Sentí que merecía me maltrataran, me dijeran día a día mis defectos, que compitieran conmigo a nivel académico e intelectual, que me pisotearan porque yo era la equivocada por seguir aferrada ahí, soportándolo todo.
Pero hoy no quiero nada con Eduardo. Sólo sé que no tiene el derecho de buscarme y tratar de meterse en mi vida. Siento que no lo necesito en mi vida. Que en cada momento complicado sólo estuve conmigo, mi familia y mis amigos y fue suficiente y fue lo mejor.
No me da tristeza dejar de hablarle y evitar contacto. Tampoco ya me da rabia. Sólo siento un vacío extraño cuando me acuerdo de él. Ese vacío que queda en los lapsus... ese espacio no lleno cuando en realidad lo necesité y que el día de hoy me hacen dar cuenta de que pude seguir sola y con mi gente.
Efectivamente estoy libre y volando hacia la felicidad. Cada día voy cambiando a nivel corporal y creciendo espiritualmente en mi propia vorágine. Sigo con mi gente, aquellos que han estado ahí codo a codo conmigo en mis luchas y en mis victorias. Sigo en mis tejidos, mis costuras y mis plantaciones.
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