Mi forma de amor es un constructo social, me digo. Mi forma de no desprenderme es social. Mi admiración sublime por algún chico de turno es social. Mi espera ha sido social: espera de desengaños, espera de desamores, espera de sufrimientos y espera de cargar las inseguridades de un otro y con las que he debido lidiar, como si fuera mi deber supremo femenino.
Femeninamente construida, me obligo a recordar, a hundirme en la nostalgia. Observo a una amiga que está triste, se iba a casar y ahora ya no, su mundo se vino abajo, se siente fea, tonta, ridícula. Obviamente no es ninguna de esas aseveraciones, pero ahí está.
Mi autocompasión funciona como límite, autoimpuesto, construido socialmente porque debo ser una pobre mujer. Porque ¿qué importan los logros? si estoy sola mientras las demás se casan y tienen novios y parejas estables que les bajan el cielo, la luna y las estrellas.
No debo saber lo que quiero y lo que necesito porque debo seguir condenada socialmente a la espera de que el mundo conflagre a favor mío y que mi destino cambie, es más aún, debo seguir esperando a que un hombre decida cambiar mi destino por mí. Pero no es así, este camino mío se va trazando entre mis inseguridades radicalmente sociales, mi camino lo voy construyendo en medio de miedos de voces impuestas que me dicen que no podré, que debo estar paralizada.
Pero siempre sigo, a trizas, reparándome porque nadie se muere de amor, sino que uno se muere porque quiere morirse en el sentido físico y metafísico... Sigo con mi Anaís Nin, con mi Marguerita Duras, Simone de Beauvoir, Gina Pane, Gertrude Stein, Julia Kristeva, Gayatri Spivak y Diamela Eltit (se me vienen como 10 más a la mente, aunque muy viejas todas las anteriores a las 3 últimas...)
Femeninamente construida, me obligo a recordar, a hundirme en la nostalgia. Observo a una amiga que está triste, se iba a casar y ahora ya no, su mundo se vino abajo, se siente fea, tonta, ridícula. Obviamente no es ninguna de esas aseveraciones, pero ahí está.
Mi autocompasión funciona como límite, autoimpuesto, construido socialmente porque debo ser una pobre mujer. Porque ¿qué importan los logros? si estoy sola mientras las demás se casan y tienen novios y parejas estables que les bajan el cielo, la luna y las estrellas.
No debo saber lo que quiero y lo que necesito porque debo seguir condenada socialmente a la espera de que el mundo conflagre a favor mío y que mi destino cambie, es más aún, debo seguir esperando a que un hombre decida cambiar mi destino por mí. Pero no es así, este camino mío se va trazando entre mis inseguridades radicalmente sociales, mi camino lo voy construyendo en medio de miedos de voces impuestas que me dicen que no podré, que debo estar paralizada.
Pero siempre sigo, a trizas, reparándome porque nadie se muere de amor, sino que uno se muere porque quiere morirse en el sentido físico y metafísico... Sigo con mi Anaís Nin, con mi Marguerita Duras, Simone de Beauvoir, Gina Pane, Gertrude Stein, Julia Kristeva, Gayatri Spivak y Diamela Eltit (se me vienen como 10 más a la mente, aunque muy viejas todas las anteriores a las 3 últimas...)
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