En una fría mañana de otoño Claudia comenzó a tejer su primera y última creación para sí: una gran bufanda con la cual sería enterrada el día de su muerte. Previamente ella ya había tejido muchísimo, tanto a sus nietos, hijos y familiares más cercanos, como también a sus grandes amigos. Cada una d las personas que ocupaban un lugar importante en su corazón tenía alguna prenda de lana tejida por ella, ésa era su forma de manifestar la estimación que sentía por ellos.
Ella tenía claro que su vida se estaba extinguiendo a medida que el tiempo avanzaba y el invierno cada vez estaba más cera, sabía que debía apresurarse y terminar lo antes posible su bufanda, que significaba para ella una especie de mortaja que la acompañaría durante la eternidad. La bufanda era de muchos colores, todos alegres y vivos, Claudia quería demostrar con ella que no se iría triste, ya que había conocido grandes personas que siempre la ayudaron en los momentos difíciles y compartieron en los alegres.
La bufanda fue terminada e un estruendoso día de invierno en el cual la lluvia no cesaba y el frío no daba tregua a los débiles huesos de Claudia. A pesar de la tormenta, su vida era plena en ese momento, por fin había terminado su bufanda!!... por fin podría morir y descansar en paz.
Ella murió plácidamente en su cama. Sus hijos la vistieron tal cual como ella había pedido, con su vestido de siempre y su nueva bufanda. Al velatorio asistieron todos sus familiares y amigos, cada uno de ellos llevaba puesta alguna prenda que le había regalado Claudia. La casa de ella se llenó de gente que incluso hace muchísimos años no visitaba la morada. Cuando todo terminó, la casa quedó sola, todos habían desaparecido del lugar, cada cual había seguido su camino y se había ido.
En la casa sólo quedaban los pocos muebles que había poseído ella y el silencio absoluto. No obstante, en una esquina del living, cerca de la mecedora de Claudia, comenzó a rodar una pelusa roja de lana con la que ella había tejido su bufanda, ésa se había desprendido destejido y ahora se encontraba sola en esa casa. Poco a poco comenzó a rodar por el salón, movida gracias al aire que se filtraba por la rendija de una puerta. Su camino fue largo y en su rumbo no encontró a nadie ni nada que le proporcionara seguridad, su madeja de lana no estaba en ninguna parte y no encontraba nada a qué aferrarse para no seguir volando por la casa.
Cuando ya se encontraba sin esperanza de hallar algún refugio, divisó a lo lejos otra pelusa que poco a poco comenzaba a girar y adquirir movilidad y se acercaba prontamente a ella, era una pelusa verde, que se había dejado caer del chaleco del hijo de Claudia después del velatorio. También se acercó otra pelusa, que se había escapado de la bufanda negra del mejor amigo de ella. A medida que fue avanzando nuevamente por la casa, en su viaje se fueron uniendo más pelusitas a su alrededor, todas ellas alguna vez habían pertenecido a algún tejido que Claudia hizo para algún ser querido.
De esta manera la pelusita fue adquiriendo compañía para seguir recorriendo la desolada casa, ahora ya no estaba sola, se había convertido en una motita de colores.
Ella tenía claro que su vida se estaba extinguiendo a medida que el tiempo avanzaba y el invierno cada vez estaba más cera, sabía que debía apresurarse y terminar lo antes posible su bufanda, que significaba para ella una especie de mortaja que la acompañaría durante la eternidad. La bufanda era de muchos colores, todos alegres y vivos, Claudia quería demostrar con ella que no se iría triste, ya que había conocido grandes personas que siempre la ayudaron en los momentos difíciles y compartieron en los alegres.
La bufanda fue terminada e un estruendoso día de invierno en el cual la lluvia no cesaba y el frío no daba tregua a los débiles huesos de Claudia. A pesar de la tormenta, su vida era plena en ese momento, por fin había terminado su bufanda!!... por fin podría morir y descansar en paz.
Ella murió plácidamente en su cama. Sus hijos la vistieron tal cual como ella había pedido, con su vestido de siempre y su nueva bufanda. Al velatorio asistieron todos sus familiares y amigos, cada uno de ellos llevaba puesta alguna prenda que le había regalado Claudia. La casa de ella se llenó de gente que incluso hace muchísimos años no visitaba la morada. Cuando todo terminó, la casa quedó sola, todos habían desaparecido del lugar, cada cual había seguido su camino y se había ido.
En la casa sólo quedaban los pocos muebles que había poseído ella y el silencio absoluto. No obstante, en una esquina del living, cerca de la mecedora de Claudia, comenzó a rodar una pelusa roja de lana con la que ella había tejido su bufanda, ésa se había desprendido destejido y ahora se encontraba sola en esa casa. Poco a poco comenzó a rodar por el salón, movida gracias al aire que se filtraba por la rendija de una puerta. Su camino fue largo y en su rumbo no encontró a nadie ni nada que le proporcionara seguridad, su madeja de lana no estaba en ninguna parte y no encontraba nada a qué aferrarse para no seguir volando por la casa.
Cuando ya se encontraba sin esperanza de hallar algún refugio, divisó a lo lejos otra pelusa que poco a poco comenzaba a girar y adquirir movilidad y se acercaba prontamente a ella, era una pelusa verde, que se había dejado caer del chaleco del hijo de Claudia después del velatorio. También se acercó otra pelusa, que se había escapado de la bufanda negra del mejor amigo de ella. A medida que fue avanzando nuevamente por la casa, en su viaje se fueron uniendo más pelusitas a su alrededor, todas ellas alguna vez habían pertenecido a algún tejido que Claudia hizo para algún ser querido.
De esta manera la pelusita fue adquiriendo compañía para seguir recorriendo la desolada casa, ahora ya no estaba sola, se había convertido en una motita de colores.
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este texto lo escribí en lenguaje visual cuando me disfracé de motita de colores jajaja la weá rara, a nadie s ele puede ocurrir disfrazarse de mota... la cosa es q rodaba por el suelo y a medida que rodaba se me iban pegando hilitos de colores como se yo me fuera convirtiendo poco a poco en motita... ahps y me saqué re buena nota =)
q chistoso =, no sé si me volvería a convertir en mota haciendo too el show
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