
el sur...
Me encanta el campo, el olor de la tierra después de que ha llovido o mirar los brotecitos de los árboles que rodean una rama que a veces pareciera estar seca... me gusta oler a humo, de ese humo de la cocina a fogón (o ruca) de mi tía abuela Fresia. Por lo mismo se me hace difícil vivir en la ciudad.
A veces creo que los santiaguinos no tienen identidad... y cómo la podrían tener si del cemento no se puede tener una identidad, ¿qué obtenemos del cemento?... yo en el sur el agua la tomo de una vertiente, uso leña y si me dan ganas de comerme una zanahoria voy a la huerta y saco una y peleo a la vez con alguna lombriz que esté queriendo comerse mi hortaliza.
Lo malo de pensar estas cosas es que da nostalgia y dan ganas de irse de acá, no tan sólo porque una no esté con su familia, sino que porque acá la gente tiene cero mística con la tierra y simplemente no cree en todas esas cosas. La mayoría está tan absorta en tener más bienes de consumo, en tener la mejor casa (de cemento, claro) y creen ser felices, pero no lo son, se quejan mucho más que yo de la vida.
También m
e parece extraño que añore tanto el campo, porque allá a veces me aburro, aunque luego encuentro algo que hacer porque trabajo allá no falta (pese a que no sea remunerado).Sólo sé que deseo volver al origen, a mí origen... al de tantos antepasado míos que gozaban de todas las cosas de su mapu...
Supongo que mientras me conformo con mis hierbas medicinales en maceteros acá en santiago o con salir a un parque a sentarme debajo de algún árbol... ¡qué mejor parque que el de quinta normal o el jardín botánico para encontrarse a sí mismo!
******** la foto del agua es de la vertiente que está en el campo de mi tía abuela Fresia Catricura, que está a 3 kms de donde vivo y donde siempre vamos caminando con mi mami.
********las otras fotos son de donde vivo
1 comentario:
quizás no sea tan general.
quizás entremedio del cemento hay identidad, y un poco de conexión con la madre tierra, aunque sea en una plaza rodeada de edificos.
quizás hay personas que se escapan cada vez que pueden a mirar cómo corre el río en el cajón del maipo, que es lo que queda más cerca y hasta llegan las micros.
a mí me gusta santiago, porque desde que entré a la universidad lo he comenzado a descubrir y esconde muchísimas historias, mil en cada esquina.
pero sobre todo me gusta sentir que a pesar de los relojes y del smog, se pueden encontrar lugares y momentos donde todo tiene sentido un ratito.
de repente falta el mundo, lo sé. y dan ganas de acostarse en el pasto mojado, o meter los pies al barro, o mirar llover entre mil árboles.
yo no crecí en el campo. de hecho, he ido muy pocas veces. pero esa conexión con la madre tierra la siento y la revivo cada vez que me gana el stress de una ciudad que igual amo.
te dejo besos.
gracias por la ayuda en taller y por tu comentario en mi blog.
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